Dayananda - El hombre en busca de sentido

Viktor Frankl: El hombre en busca del sentido.

Este libro cuanta la historia de Viktor Frankl, un psiquiatra austriaco de origen judío, filósofo y escritor, que durante tres años de su vida estuvo prisionero en campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial. A lo largo esos años, sufrió todo tipo de calamidades y humillaciones. Perdió a todos sus seres queridos, padres, hermano y hasta a su mujer. Su intención con este libro era la de describir a través de su experiencia, cómo vivía el prisionero normal en el campo y cómo esa vida influía en la psicología.

Él además de cuestionarse el sentido de la vida, también en su libro habla de la responsabilidad personal. Porque en realidad, no importa lo que esperemos de la vida, sino lo que importa es lo que la vida espera de nosotros. Y porque vivir significa asumir responsabilidades de encontrar la respuesta correcta, a las cuestiones que la vida te plantea, cumpliendo la obligación que nos asigna.

¿Como buscar un sentido a la vida cuando te han despojado de las cosas más importantes como es la familia? Porque al hombre se le puede arrebatar todo salvo las libertadas humanas, la libre elección de la acción personal ante las circunstancias para elegir el propio camino. La libertad interior, que nadie puede arrebatarte, confiere a la vida intención y sentido.

Viktor Frankl se da cuenta cuando está en el campo de concentración de que hay gente que llega al campo, y al cabo de unos días muere. Sin embargo, hay otras personas que pasan días, semanas, y meses y no se mueren. Él investiga cual es la diferencia entre unos y otros. ¿Por qué hay unos que mueren y otros que no se mueren? Y lo que él descubre lo llama la logoterapia. Logopedia como psicoterapia que adentra en la dimensión espiritual, como método terapéutico creado por el propio Frankl que se centra precisamente en el sentido de la existencia y en la búsqueda de ese sentido, por parte del hombre que asume la responsabilidad ante sí mismo ante los demás y la vida.

Lo que descubre es que la gente que tiene un sentido en su vida, la gente que tiene motivos por los que levantarse cada mañana, la gente que tiene que tiene recuerdos que le inspiran por las mañanas, esa gente no se muere. Aquellas personas que tienen un motivo por los que levantarse cada mañana son mucho más felices y nada se les pone por delante. El investiga que la gente que se levanta y piensa en su mujer, en sus hijos en sus padres y se ilusiona y rememora en su cabeza eso, esas personas no mueren. El vacío de sentido genera una enorme tristeza. Porque el sentimiento que se convierte en sufrimiento deja de serlo en cuanto nos formamos una idea precisa de él. El prisionero que perdía la fe en el futuro, en su futuro estaba condenado.

En conclusión, cada hombre, aún bajo unas condiciones trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser -espiritual y mentalmente-, porque incluso en estas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano.

A lo largo de la narración del libro le acompañan citas de grandes filósofos que he querido destacar.

Nietzsche:Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”

“Todo lo que no me destruye me hace más fuerte”

“Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido”

Bismarck: “la vida es como visitar al dentista. Siempre crees que lo peor aún está por llegar, cuando en realidad ya ha pasado”.

Dostoievski: “Solo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos”.

Schopenhauer: “La humanidad está condenada a oscilar eternamente entre la tensión y el aburrimiento”.

Por Laura Montes-Tallón